¿Quiénes somos?

NUESTRA HISTORIA
En 1999, el Pr. Richard Aguilar empezó la obra evangelística que llegaría a convertirse en la entonces Iglesia Cristiana de la Gracia (ICR), que realizó su primer servicio de adoración en el Salón Larson de HCJB. El primer servicio en nuestro actual edificio se celebró el 12 de septiembre de 2004. En 2011, Dagoberto Mosquera fue llamado al oficio pastoral a tiempo completo en La Gracia. Con respecto a la labor misionera, en 2015 se iniciaron las labores de plantación en Ibarra, que continúan hasta hoy.
Varios procesos de reflexión teológica, diálogo y búsqueda de unidad y reconciliación dieron su fruto cuando el 13 de julio de 2024 se celebró una reunión de Classis con delegados de la Iglesia Reformada Luz de Vida y la Iglesia Reformada La Gracia. Con la adopción de un Orden Eclesiástico común, se conformaron formalmente las Iglesias Reformadas en Ecuador (IRE) como denominación, con miras a un futuro de mayor unidad, trabajo conjunto y expansión misionera en el país. Poco después de este evento, el Pr. Mosquera pasó a estar en la presencia del Señor. La Gracia permaneció sin un ministro ordenado por cerca de un año y medio, cuando, en mayo de 2026, fue ordenado el Pr. Jorge De Sousa.
NUESTRA IDENTIDAD
Somos una Iglesia bíblica y confesional. Declaramos completa sumisión y obediencia a la Palabra de Dios, que nos ha sido dada en la Santa Escritura, inspirada, infalible e inerrante. Creemos y estamos plenamente convencidos de que las Confesiones Reformadas están plenamente de acuerdo con la Palabra de Dios y por lo tanto nos suscribimos a la Confesión Belga (1561), al Catecismo de Heidelberg (1563) y a los Cánones de Dort (1618-19).
En conformidad con la Palabra de Dios y nuestras Confesiones, nuestra Iglesia no es gobernada por un solo hombre, sino por una pluralidad de ancianos en conjunto con el ministro de la Palabra y en cooperación con un cuerpo de diáconos.


NUESTRA ADORACIÓN
Somos una Iglesia que adora con reverencia y gozo. Creemos que experimentamos mejor la alegría de la adoración cuando esta es ofrecida conforme a la Palabra de Dios, con temor reverente y solo como Él lo ha ordenado. No es un espacio de entretenimiento o show, sino un encuentro pactual con Dios.
Consagramos el Día del Señor entero a la adoración a través de dos cultos: matutino y vespertino. Reconocemos que la Palabra predicada y la Palabra visible en los sacramentos es el centro de la adoración cristiana. Creemos que el canto del pueblo de Dios debe predominar en la adoración, y que debemos cantar principalmente salmos y podemos cantar himnos bíblicos. Celebramos la adoración como un diálogo santo al que Dios nos convoca y en el que nosotros respondemos.
